El reciente fallecimiento del Indio Solari volvió a hacer visible algo que muchos ya sabían pero que quizás habían naturalizado: la magnitud extraordinaria de su repercusión.
Miles de personas se acercaron a despedirlo. Los testimonios que circularon en esos días de personas de distintas generaciones y clases sociales contando el impacto que su obra tuvo en sus vidas.
Mucho se ha dicho sobre sus recitales masivos, sobre su figura esquiva y distante de los medios, sobre la devoción casi religiosa de sus seguidores. Pero más allá de esas imágenes conocidas, sigue abierta una pregunta que pocas veces se responde con profundidad:
¿Cómo fue que llegó a tantas personas? ¿Cómo pudo trascender generaciones y clases sociales? ¿Por qué se convirtió en un referente de la cultura popular argentina de una manera que pocos artistas lograron?
Esta nota propone explorar esas preguntas desde una perspectiva que va más allá de lo musical o lo sociológico, reflexionando sobre la repercusión de sus obras artísticas en el sentir del pueblo argentino.
El sentir del pueblo
Existe una fuerza viva que late en todo lo que existe: el ser. Es un sentir extático que nos entreteje a todos; un gran misterio que sostiene nuestra esencia; una corriente de vida eterna, inagotable e infinita.
Cada ser humano lleva este sentir en su interior como su verdad más íntima. Todos tenemos la capacidad de sentir esta fuerza, pero cada uno la siente de manera única.
A su vez, existe un punto en el que convergen las distintas formas de sentir el ser de las personas que habitan en un espacio y tiempo determinados, dando lugar a un sentir colectivo propio de esa sociedad. Cuando las individualidades se desintegran y las personas se reconocen en ese mismo sentir: hay pueblo.
Ese sentir es el motor-psico y la raíz desde la cual emerge su cultura, su lenguaje, su arte y su forma de ser. Es un sentir que lo atraviesa, que lo constituye, y que aparece en sus expresiones más auténticas. A través de ese sentir compartido, los miembros de la sociedad se reconocen entre sí como parte del mismo pueblo. Es un sentir glorioso que los une, los encuentra e identifica en un solo espíritu.
A través de la historia, hubo distintos artistas que lograron expresar el sentir de su pueblo. El Indio Solari fue uno de ellos, logrando destacarse del resto por la masividad que invocó con su arte, creando un fenómeno social envuelto en un misterio que ningún análisis logra develar.
Mostrar lo que nadie quiere ver
Cuando reflexionamos acerca de porqué el Indio Solari logra una repercusión masiva, es imposible no pensar inmediatamente en los medios de comunicación y las redes sociales como causantes. Pero se sabe que siempre se mantuvo independiente, distante de los medios hegemónicos, de los sponsors y los sellos discográficos. En sus últimos años de su vida el Indio comenzó a dar algunas entrevistas, pero su arte ya había alcanzado una repercusión masiva mucho tiempo antes.
Además, cuando queremos abordar esta pregunta, tenemos una inclinación a encontrar una explicación lógica y racional. Pero para entender la inmensa magnitud del fenómeno, todo esto no alcanza: hace falta ahondar en la misteriosa trama entre el artista, la obra y el pueblo
El Indio creo su arte teniendo muy en cuenta el espacio y el tiempo que habitaba. A través de su música y sus letras, se puede sentir y ser consciente de la verdad del pueblo y su realidad social.
Por eso gran parte de la sociedad se siente reconocida, y muchos puedan ver con más claridad la realidad del presente que ignoraban o evadían.
El misterio del poeta y el poder de la poesía.
En el arquetipo del poeta, el misterio se manifiesta en su virtud mística de poder expresar en metáforas envueltas de acertijos y visiones, un sentir que lo sobrepasa y que ni él mismo puede explicar del todo. Sin dudas, el Indio era un auténtico poeta. Para su cuerpo era tan intenso ese sentir que le resultaba imposible no expresarlo. Y por su lucidez y maestría, consiguió hacerlo con un éxito tal que provocó una atracción masiva del pueblo hacia su obra. Él describió que en su proceso creativo algo empezaba a pasar a través suyo:
"la poesía te atraviesa, pasa a través tuyo como si fueses una antena (...) y si uno está atento, atrapa lo que pesca y lo moldea de acuerdo con su placer, con su saber y entender."
En otras palabras, el Indio creaba mientras era atravesado por algo que lo excedía y que lograba captar para traducirlo en formas simbólicas. Esa traducción comenzó en él, pero no termina en él, sino en el pueblo que reconoce en esas formas algo que ya sentía pero que todavía no podía nombrar.
Ancestralmente, el poeta ocupó una posición singular en la sociedad, manteniendo un pie en lo universal y otro en lo histórico. Hay un sentir y un misterio que parece excederlo como si una fuerza dionisíaca le susurrara, pero solo puede traducir esos susurros mediante los materiales simbólicos de su pueblo y de su tiempo.
El poeta pertenece a una época determinada. Habita un lenguaje, una cultura, una historia y una sensibilidad colectiva.
Las metáforas, los símbolos, las imágenes y los acertijos que crea nacen inevitablemente de ese contexto. Llevan en sí la marca de ese suelo, de esa historia, de ese sentir compartido.
Las poesías del Indio estuvieron inspiradas en el mismo sentir que habita en el espíritu del pueblo y, a su vez, están moldeadas por la misma materia étnica que el pueblo que las recibe.
Además, la fuerza de sus poesías también proviene de la forma en que fueron construidas. Una metáfora cerrada comunica una idea, pero una metáfora verdaderamente poética crea un espacio, que necesita ser habitado. Las grandes metáforas funcionan como moldes, como formas simbólicas amplias capaces de contener mucho más de lo que expresan literalmente. Son acertijos que no se agotan en una única interpretación.
"El efecto poético se produce por la capacidad de un texto de continuar generando lecturas diferentes sin ser consumido nunca por completo."
Cuando en una entrevista el Indio describió sus letras sostuvo que lo que presentaba desde la lírica y el discurso público fue siempre un enigma, parecido a un mandala o a los pronunciamientos del oráculo de Delfos. Sus poesías proponen espacios abiertos que parecen invitar a ser habitados.
Las grandes letras suelen parecer acertijos porque la realidad que intenta expresar no puede reducirse a una definición. La verdad que el poeta percibe es demasiado vasta para caber en un enunciado, entonces, construye una forma que queda incompleta y necesita que quien la escucha la termine.
La inevitable resonancia masiva
Cuando esas formas nacen de una conexión genuina con el misterio del ser, despiertan en quienes las escuchan un impulso irresistible a llenarlas con contenido propio.
Para el Indio “la poesía no debe invitar solo a escuchar, debe invitar fundamentalmente a imaginar” (...) “la poesía es subjetiva, y se vuelve objetiva cuando sus destinatarios, después, se dejan envolver por ella”.
Cada persona deposita allí sus experiencias, sus recuerdos, sus heridas, sus anhelos y su propia historia.
Además, ese impulso no surge solo de una proyección individual. Parece surgir de algo más vital, como si hubiera algo en esas formas que el espíritu reconociera antes que la mente. Muchos testimonios cuentan que las personas sintieron atracción por las letras de sus canciones antes de comprenderlas.
Una sola de sus metáforas puede ser habitada por miles o millones de personas. Porque todas reconocen algo verdadero en la forma misma, aunque cada una encuentre allí un significado distinto.
Lo que comparten los oyentes no es el contenido, sino la forma, que funciona como un recipiente simbólico capaz de alojar experiencias muy distintas. En ese sentido, las formas de sus estrofas son tan inabarcables, que pueden contener muchísimas experiencias.
Mientras más esté reflejada en su poesía el misterio que la inspira, mayor parece ser su capacidad de resonar en el pueblo. Por eso no todos los poetas generan el mismo impacto.
Muchos escriben sobre experiencias personales, sobre vínculos, sobre tristezas, sobre enamoramientos o sobre acontecimientos de sus vidas.
Y eso tiene su propio valor. Pero existen algunos que logran expresar algo que excede su experiencia individual: captan algo que pertenece también al sentir profundo de una época y de un pueblo.
Cuando un artista alcanza la lucidez necesaria para simbolizar el sentir de un pueblo, sucede algo excepcional. Expresa algo que va mucho más allá de sí mismo: logra poner en palabras aquello que muchas personas perciben, sienten o intuyen, pero que difícilmente podrían nombrar por sí mismas.
Esa capacidad de captar un sentir colectivo y traducirlo en símbolos, imágenes y relatos hace que la obra resuene profundamente en quienes forman parte de esa sociedad. Así su obra se convirtió en una expresión compartida de algo que lo excede como individuo y que ahora le pertenece al pueblo.
¿Qué reconocen miles de personas cuando escuchan al Indio?
El pueblo reconoce esas formas desde un lugar que antecede a la explicación racional. Y ese reconocimiento es posible porque el pueblo ya presentía lo que el poeta expresa. No lo sabía racional ni conceptualmente, pero algo intuía sin lograr capturarlo. Lo que para el pueblo era una intuición dispersa y una incomodidad innombrable, en el poeta se vuelve un paisaje sublime. Es como si aquello que el Indio logró expresar ya estuviera presente de manera latente en el espíritu colectivo y simplemente estuviera esperando una forma para hacerse visible.
"La poesía no puede ser definida con precisión
porque no nos es dado conocer su esencia sino sentirla."
Cuando el misterio del ser muestra su rostro en la obra artística y se deja tocar por el pueblo, aparece el éxtasis, la conmoción y el sentimiento de pertenencia, porque durante unos instantes quienes la reciben sienten que algo verdadero se ha revelado. En ese instante el arte deja de ser entretenimiento y se convierte en una revelación en la que el pueblo se reconoce a símismo.
La música, la poesía y el ritual
Cuando esa poesía se fusiona con una música que también representa la sensibilidad, el clima emocional y la identidad cultural de ese pueblo, la resonancia se multiplica. La música se vuelve un vehículo, a través del cual la poesía logra esparcirse hasta los lugares más recónditos de la sociedad y llegar con mayor impacto en quienes la reciben.
La verdad que habita en la poesía ahora puede ser también bailada a un ritmo que el espíritu del pueblo que la recibe también reconoce. Entonces, la humanidad latente de la sociedad, sedienta de trascender su individualidad y con el impulso de su espíritu que anhela vivenciar experiencias ritualísticas, comulga y se vuelve pueblo.
En ese sentido, la conocida “misa ricotera” funciona como un ritual dionisíaco en donde ya no existe la separación y el pueblo logra experimentar la fuerza de su espíritu en una danza masiva de trance colectivo y amor oceánico.
El Indio y el pueblo participan de un mismo misterio insondable que logra manifestarse: su capacidad de percibir y expresar el sentir del pueblo en su arte, y al mismo tiempo, la capacidad del pueblo de reconocer la autenticidad de su arte.
Pero quizás, aún existe un misterio todavía mayor: el hecho conmovedor que nace del poder que brota de su mutuo reconocimiento: el encuentro y la unión entre las personas en un abrazo colectivo que rebalsa de fuerza y de amor al fundirse en el recuerdo del sentir espiritual del pueblo que son.
La sombra del pueblo
Con su arte su intención fue la de conmover, porque para él, estar vivos se trata de poder conmovernos, pero, para lograrlo necesitamos estar dispuestos a ser afectados.
¿Cómo intentó conmovernos?
Expresando la realidad del espacio y tiempo tal cual es; sobre todo esa realidad que se nos dificulta ver.
Por eso, antes de ser cantada, la realidad en gran medida no es percibida por el pueblo. Pero la incapacidad de ver la realidad y poder conmovernos no pertenece a una limitación natural del pueblo. Al contrario, existe una parte de los miembros de esa misma sociedad que colocan un velo para ocultar y disfrazar el presente.
El sentir colectivo de la sociedad puede ser olvidado y permanecer eclipsado por quienes concentran el poder. Las élites y las corporaciones que gobiernan saben que una sociedad que siente su propia fuerza puede convertirse en pueblo y rebelarse para arrebatarles ese poder. Un pueblo que se reconoce en sus referentes, que se siente representado por ellos, y que vive consciente de su propia identidad colectiva, difícilmente acepte en silencio las injusticias.
En la canción Ciudad Baigón, el Indio dice: "mirá las almas a tu alrededor, mirá el amor que está a tu costado".
Cuando se alimenta el amor oceánico y la sociedad vive en coherencia con su sentir, se trascienden las diferencias individuales y hay pueblo.
Al reconocer sus pasiones y anhelos colectivos el pueblo libera la fuerza de su espíritu, volviéndose capaz de organizarse para transformar las condiciones en las que vive.
Por eso, "los poderosos" tienen un interés deliberado en que ese sentir permanezca enmascarado, y en que, si se recuerda, sea confundido, desprestigiado y rechazado por la mayoría.
Los mecanismos para lograrlo son muy eficaces. Los medios de comunicación afectan el estado de ánimo de la sociedad montando un teatro que funciona como espejismo. Se crean espectáculos mediáticos que nos entretienen con espejos de colores, manteniéndonos distraídos de la realidad y con una percepción sesgada de nuestra identidad.
Y "con tanto humo, el bello fiero fuego no se ve". A su vez, se construyen y promueven prejuicios sobre los referentes que encarnan el sentir popular: se los ridiculiza, se los sataniza, se los asocia a lo peligroso y a lo ignorante. Se instalan en el imaginario colectivo narrativas que generan odio, rechazo y resentimiento hacia esas figuras y hacia quienes se sienten representados por ellas.
Teniendo en cuenta todo esto, podemos preguntarnos:
¿Qué prejuicios suelen rodear a los Redonditos de Ricota y al Indio Solari?
¿Las personas que juzgan su obra se han permitido realmente conocerla y mirarla con detenimiento?
¿Por qué las clases populares son subestimadas?
¿Por qué tantos intelectuales, filósofos, escritores, historiadores y periodistas, sienten tanta admiración por su obra?
Uno de los mayores prejuicios que se difunden, son con respecto a sus seguidores, donde se los describe como personas ignorantes. Sin embargo, si nos sumergimos en la complejidad de sus letras podemos ver que muchas veces requieren de esfuerzo y concentración para poder ser comprendidas o interpretadas.
A pesar de esto, existen múltiples testimonios donde podemos ver a seguidores de todas las clases sociales y generaciones que logran entenderlo perfectamente, y más importante aún, conmoverse con su obra.
Quizás no todos puedan expresar sus sensaciones o interpretaciones de forma académica o presuntuosa, pero sí lo hacen con una simpleza admirable cargada de conmoción. Son incontables los testimonios de personas que a partir de sus poesías comenzaron a reflexionar, a ser más conscientes y cambiar el rumbo de sus vidas a formas más cuidadas y conscientes.
Este es solo un ejemplo entre tantos otros prejuicios y difamaciones, donde se alimenta la fragmentación de la sociedad, alentando las divisiones internas y enfrentamientos entre quienes deberían reconocerse como parte de un mismo pueblo.
De esta manera, la sociedad queda fragmentada internamente: una parte siente la resonancia con esos referentes y otra parte los rechaza con una intensidad que muchas veces no puede explicar racionalmente, porque esa intensidad fue construida desde afuera, inoculada, nacida de la manipulación y del miedo.
Existen velos que son colocados cada día entre la sociedad y su verdad. El resultado es una sociedad que lleva en su interior un sentir colectivo, pero con muchas dificultades para habitarlo con plenitud, porque sobre ese sentir se ha depositado una capa de confusión, vergüenza y división.
En lugar de identificarse con qué siente y qué es, la sociedad termina peleando consigo misma porque ha perdido la capacidad de escucharse, de reconocerse en las expresiones genuinas y de sentir la fuerza que late en su historia y su cultura.
Trascender el velo
La sombra del pueblo nace de estas tendencias oscuras externas al pueblo, pero se inyecta dentro de todas las personas que lo conforman. Por eso, cada persona tiene su propia sombra interna, que necesita poder ver, conocer y atravesar para poder sentirse pueblo.
La posibilidad de lograrlo depende en parte de las condiciones de vida, de la voluntad individual y de qué tan hondo haya calado la sombra en cada uno. Abrir los ojos para ver la oscura realidad es un movimiento de la voluntad que nos humaniza. Hacer el esfuerzo de conocer la propia sombra es uno de los actos más importantes para ser libres. “En la resistencia está todo el hidalgo valor de la vida”.
Hay personas en las que el sentir parece estar totalmente olvidado, como si ya fueran pura sombra. Incluso, pueblos enteros ocultos por un velo y envueltos en su sombra. Sin embargo, las fuerzas del misterio pueden atravesar a un artista con tanta luz que lo inspiren a crear obras capaces de correr ese velo y conmover a la sociedad para que pueda ver y sentir su propia verdad.
Esa es la función primordial del artista; este es el rol político que encarna. Su presencia es imprescindible para que su sociedad pueda sentir su espíritu y volverse pueblo, porque es el puente para que esta pueda reconocer su ser. Para la sociedad, recordar su sentir es el acto político más espiritual, porque es el viento que eleva el fuego de la resistencia para trascender los velos y ser pueblo.
Gracias Indio Solari
por abanicar nuestra sombra,
elevar nuestro espíritu
y conmovernos,
ayudándonos a recordar
el sentir del pueblo argentino.